El Placer del Campo

Había una vid cerca del árbol de claudias, donde mi abuela solía sentarse a descansar durante las largas tardes. La vid crecía en un árbol de aguacate más grande, y parecía trepar hacia el cielo con sus hojas verdes y brillantes.

A menudo, cuando era joven, pasaba desapercibido por la belleza del campo. Me centraba en mi propia vida y en mis problemas adolescentes, sin detenerme a disfrutar del paisaje que me rodeaba. Pero ahora, en mis treinta y tantos, la nostalgia del pasado me ha alcanzado y me doy cuenta que había un placer en el campo que antes había ignorado.

Recuerdo con cariño aquellas tardes con mi abuela, cuando ella me contaba historias de cuando era joven y me enseñaba a cuidar las plantas del jardín. La vid siempre estaba allí, extendiéndose sobre el árbol de aguacate y ofreciendo su sombra fresca.

A pesar de la añoranza de esos años juveniles, también siento una gran convicción del presente. Ahora puedo apreciar la belleza del campo y valorar las cosas simples de la vida. La vid y el árbol de aguacate ya no están, ahora veo con una nueva perspectiva y una gratitud renovada por las memorias que comparto con ella.


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